La flauta como metáfora en el Tao

por Isabel Serra Bargalló, flautista y licenciada en Historia del Arte por la Universidad Rovira i Virgili, Tarragona.

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Según el mito cosmogónico del taoísmo, de un primer elemento llamado Tao, que se identifica con el vacío o el “no-ser”, surgen el yin y el yang, elementos contrarios que gracias a un tercer elemento que los armonizará, el “aliento intermedio”, darán lugar al resto del mundo y de la creación, el resto de la Naturaleza.

“El Tao engendra el Uno.
Uno engendra Dos.
Dos engendra Tres.
Tres engendra todos los seres del mundo.
Todo ser lleva en su espalda la oscuridad.
Y estrecha en sus brazos la luz:
el hálito indiferenciado constituye su armonía.”[1]

Al principio fue el Tao, del cual no se puede decir nada y tampoco es posible llegar a él. No tiene nombre, es un principio único, orígen y fin. Existe un segundo Tao al que ya se puede dar nombre y al que se llama “Uno”. El “Dos” se refiere a las polaridades antitéticas y complementarias del yin y el yang. El yin es femenino, húmedo, oscuro; el yang es masculino, seco, luminoso. No son energías estáticas, sino que necesitan un tercer elemento que las dinamice. Contrariamente existiría la dualidad, que es impensable cuando hablamos de culturas orientales. Este tercer elemento dinamizador se llama “aliento intermedio” y colabora a provocar la armonía entre el yin y el yang. Estamos pues delante de una cosmogonía terciaria, dinámica y no excluyente. El Uno, el Dos y el Tres se materializan en el mundo y dan lugar a la multiplicitad infinita de seres manifestados. La “realidad” occidental para el taoísmo es “aquello manifestado”. Pero lo no manifestado es más importante y orígen de aquello manifestado. La realidad plural es lo último en la cadena cosmogónica. Conociendo el universo es posible reconocerse a un mismo a través de constantes metáforas entre la naturaleza y la conducta humana, ya que el ser humano lleva en su interior el universo entero. Paralelamente, la realidad manifestada en el fenómeno musical sería el sonido y su diversidad; diversidad de notas, ritmos, alturas, volúmentes y dinámicas para producir, en el caso de un instrumento de viento, una melodia. Pero antes de esta manifestación física (acústica) habría toda una serie de elementos que por sí mismos serían incapaces de manifestar música. Así como según el taoísmo cada elemento que forma la realidad manifestada tiene un sentido, la música contemplada desde la perspectiva del Tao ha de tener también una función, un motivo de ser, un porqué. Para encontrar la justificación de la música y del hecho de interpretar un instrumento según el Tao, hay que reflexionar primero sobre estos elementos previos necesarios para producir el sonido en una flauta, a partir de los cuales comenzaría la metáfora:

  • El vacío contenido dentro del tubo de la flauta.
  • El bambú (madera, metal u otro) como elemento material que rodea el vacío.
  • El aire contenido dentro del vacío que forma el bambú.
  • El aliento del intérprete.

El vacío simboliza la “nada” originaria

Los filósofos que hicieron del vacío el elemento central de su sistema son por excelencia los de la escuela taoísta. [2] Así pues, el vacío tiene una gran importancia dentro de este sistema de pensamiento. Una casa no la forman las paredes, el techo o el tejado, sino el vacío de las puertas, las ventanas y los espacios interiores que permiten habitarla y darle su uso. Una jarra no es el barro o la porcelana, sino el vacío interior que permite que se deposite un contenido.

“Treinta radios convergen en el medio
Pero es el vacío mediano
Quien hace marchar el carro.
Se trabaja para hacer vasijas,
Pero es el vacío interno
Del que depende su uso.
Una casa está agujereada
De puertas y ventanas,
Pero sigue siendo el vacío
Quien permite que se habite.
El Ser da unas posibilidades
Y es por el no-ser que se las utiliza”[3]

Contrariamente al pensamiento occidental, según el cual el vacío significa carencia, para el pensamiento taoísta el vacío es precisamente lo que posibilita el uso de las cosas. Así pues, la flauta contiene en su interior la “nada” originaria, y lo que posibilita el sonido es precisamente el vacío. El vacío no tiene forma, se adapta a todas las formas. El Tao es “vacío”, algo que “no es”, cavidad, receptividad que origina el ser. François Cheng afirma que “en la interpretación musical el vacío se traduce (…) ante todo por el silencio”[4] y que “(el vacío) está vinculado al aliento, que es espíritu y materia al mismo tiempo”[5]; “sin el vacío (…) no circularían los alientos, no operaría el yin-yang”[6]. Es decir, que el vacío por sí mismo es silencioso, pero gracias al aliento, ya sea en forma de energía (espíritu) o materializado en el soplo de aire (materia), es capaz de hacer que el yin y el yang interactúen, se pongan en acción recíproca para iniciar la creación y, en el caso de la flauta, el sonido.

El aire y el bambú son el yin y el yang

Alan Watts dice que “andar es yang y hacer una pausa es yin”.[7] Yang es masculino, sólido, resistente, tangible, diúrno, claro, caliente, rápido, activo… Yin es femenino, fluído, flexible, evanescente, nocturno, oscuro, frío, lento, pausado… Forman las dos caras de una misma moneda, nunca dos polaridades opuestas como podría parecer a primera vista para un occidental. Se trata de la complementariedad de contrarios tan característica en las culturas orientales. Metafóricamente, el bambú con el que está fabricado la flauta sería el elemento material que representaría aquello tangible y concreto: el yang. No solamente las flautas chinas están hechas de bambú, sinó también la flauta bansouri hindú, el du-gon koreano, el sakuhatchi japonés y la mayoría de flautas tradicionales de Oriente. Por el contrario, el aire contenido en el interior del bambú es yin. Yin invisible, inmaterial y etéreo dentro del yang que lo acoge. Aire y bambú necesitan el uno del otro para ser activados por el aliento; el aire que ocupa libremente el espacio no podrá vibrar sin el tubo; el tubo es inerte sin el aire en su interior. Pero falta el tercer elemento para que la conjunción de yin y yang dé algun fruto.

El aliento anima el sonido y da lugar a la diversidad manifestada

En la flauta, el aire vibra dentro del tubo, movido por el aliento del intérprete, y produce el sonido. El sonido es la base a partir de la cual se desarrollará toda la multiplicidad de notas musicales. El aliento vital lo mueve la energia interior, chi para los chinos o prana para los hindús. Tanto para el taoísmo como para el budismo todo es energía. El sonido lo anima la energía, que actúa como el aliento medio entre el yin y el yang y que permite el dinamismo entre ellos. La energía del soplo permite que el aire y el tubo, yin y yang, actúen en consonancia, y que el primero se mueva dentro del segundo provocando la vibración sonora. La gama de notas, su variedad y por tanto altura, color, timbre y dinámica, simbolizan a la vez la diversidad de todo lo que es manifestado. El aliento simbolizaría pues el tercer elemento dinámico de la cosmogonía del Tao. El aliento surge del control de la respiración, un factor vital conjuntamente con el ritmo cardíaco. Los dos responden a una alternancia, a un ritmo cíclico de expansión-contracción, de lleno-vacío. En la Naturaleza todo responde también a ciclos: el día y la noche, el paso de las estaciones, las épocas húmedas y las épocas de sequía… El ser humano responde, según el taoísmo, pero también según el sentido común, a los mismos ciclos del resto del universo. Pierre-Yves Artaud, hablando de las flautas tradicionales de Tahití, piensa que el hecho de dirigir el aliento dentro de la flauta para producir melodías puede estar relacionado con la comunicación con la divinidad o con algo superior. Afirma que “soplar (…) es insuflar un aire cargado de luminosidad espiritual superior (…). Es, por tanto, emitir una oración, entrar directamente en conversación con Dios, sin obstáculos: sólo el sonido de la flauta es escuchado por Dios.”[8] François Cheng, refiriéndose a la pintura, dice a la vez que “la pincelada es realmente el vínculo entre el hombre y lo sobrenatural.”[9] En este caso la pincelada en la pintura sería el equivalente al aliento en la interpretación musical de un instrumento de viento.

CONCLUSIONES

El taoísta se retira del mundo y contempla. Para él, comprender el universo y comprenderse a sí mismo es la misma cosa. Una reflexión estética dentro del contexto del taoísmo permite interpretar la metáfora de la flauta: el ser humano tiene dentro de sí mismo un universo entero. Un cuento chino explica que un taoísta hacía su meditación cada día en su habitación y que a veces tocaba la flauta un rato:

“Clear sound flows out of my heart,
True Gold shines in the evil secular world.
With suffering and resentment vanished beyond the ninth heaven,
I leisurely observe the past and present.” [10]

El sonido de la flauta se podía oir de lejos y de cerca, a veces potente y majestuoso, a veces profundo y refinado, a veces como miles de pájaros cantando, a veces como centenares de ríos deslizándose hacia el océano, a veces como centenares de miles de caballos galopando y a veces como pequeñas fuentes resbalando por la montaña. Alan Watts define el Tao como “el curso fluyente de la naturaleza y del universo (…), un ojo que ve pero que no puede verse a sí mismo (…), puede ser alcanzado pero no visto.”[11] El sonido de la flauta imita el sonido de la Naturaleza. El flautista toca pero no se ve a sí mismo tocar: la estrechez del tubo de la flauta y la posición le impiden ver el instrumento o verse a sí mismo mientras interpreta. El sonido fluye del interior del propio cuerpo hacia el instrumento, y del instrumento hacia el exterior, manifestándose, pero sin que pueda ser visto por el propio intérprete. Una experiencia única si la contemplamos desde el punto de vista espiritual del Tao. El occidental vive la vida con temor a la muerte o en la búsqueda constante de un mañana que nunca llega. Bajo la perspectiva oriental tradicional, tocar la flauta (la interpretación musical en general) puede significar el momento de evasión que anula esta clase de pensamientos: “Uno no puede anular la noche. Sólo el esclarecimiento, o la comprensión intuitiva, disiparán la oscuridad.”[12] El acto de tocar la flauta puede significar “tomar conciencia de la vida sin pensar en ella, aplicándolo incluso mientras uno está pensando para impedir así que los pensamientos se confundan con la naturaleza.”[13]

El cuento chino al que me refería anteriormente acaba con una pequeña lección:

“What’s the use of playing the flute? (…) Whenever I had a (…) problem and had trouble improving myself, the sound of the flute would surely make me feel wide open at heart and not feel frustrated. (…) In fact, playing the flute is not a simple thing. Its realm is also unlimited. The tune played depends on the realm the person is in, and it is inseparably related to one’s realm in cultivation.”[14]

La recomendación de la tradición mística de deshacerse del “yo” para identificarse con la divinidad (hinduísmo) o con el vacío (budísmo o taoísmo) se puede lograr a través de la interpretación de una melodía con una flauta. Según el Tao todo lo que sucede tiene un sentido; este sería el sentido de la acción de hacer música. Se intuye que el tipo de música a interpretar para lograr este estado místico debe radicar en la simplicidad, y una melodía sencilla interpretada por el instrumento más natural y primitivo de todos como es la flauta es una buena opción. Decía Lao Tse, en referencia a la simplicidad:

“Los cinco colores ciegan los ojos del hombre; los cinco tonos ensordecen los oídos; los cinco sabores arruinan el paladar.”

O Rabindranath Tagore, el poeta hindú:

“Que solamente haga de mi vida algo simple y recto, como una flauta de caña que tú puedas llenar de música.”

BIBLIOGRAFÍA

ARTAUD, P. Y., La flauta, Barcelona, Labor, 1991.

CHENG, F., Vacío y plenitud. El lenguaje de la pintura china, Madrid, Siruela, 2004.

GALWAY, J., Flute, Londres, Macdonald, 1982.

LAO TSE, Tao te King, Barcelona, Alfaguara, 1995.

LIAN, X., True Stories of Reincarnation: Where did the sound of the flute come from?, http://www.pureinsight.org/node/4128.

SENZAKI, N., STROUT MACCANDLESS, R., La flauta de hierro. Antología de 100 koans zen, Madrid, Edaf, 2001.

WATTS, A., El camino del Tao, Barcelona, Kairós, 2000.

http://www.chinese-flute.com

[1] LAO TSE, Tao te King, XLII, Barcelona, Alfaguara, 1995.
[2] CHENG, F., op. cit., p. 75.
[3] LAO TSE, Tao te King, XI, Barcelona, Alfaguara, 1995.
[4] CHENG, F., op. cit., p. 69.
[5] CHENG, F., op. cit., p. 77.
[6] CHENG, F., op. cit., p. 134.
[7] WATTS, A., op. cit., p. 85.
[8] ARTAUD, P. Y., op. cit., p. 16.
[9] CHENG, F., op. cit., p. 134.
[10] LIAN, X., True Stories of Reincarnation: Where did the sound of the flute come from?, http://www. Pureinsight.org/node/4128.
[11] WATTS, A., op. cit., p. 97-98.
[12] WATTS, A., op. cit., p. 136.
[13] WATTS, A., op. cit., p. 139.
[14] LIAN, X., op. cit.

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Flutist / Flautista
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